martes 8 de diciembre de 2009
Mi sueño eras vos, pero hay algo qe me impide volver, tengo qe dejarte ir y seguir otro camino, hasta qe alguien me haga volver a creer, y voi a dejarte ir, porqe no me corresponde ahora en este momento estar con vos. Qe diga qe no , no qiere decir qe me sea facil ver a ese angel volar, porqe no hay nada mas trsite qe ver un sueño escapar.
Y te dejo, te dejo con la esperanza de algun dia dejar de perseguirte a escondidas. Se qe voi a poder mirarte sin sentir qe te debo una explicacon.
Y te dejo, te dejo con la esperanza de algun dia dejar de perseguirte a escondidas. Se qe voi a poder mirarte sin sentir qe te debo una explicacon.
lunes 7 de diciembre de 2009

Sí, puede que parezca algo cursi pero noelia, dejame decirte que te amo con todo el corazón flaquita y que me encanta pasar todo el time que pasamos juntas, todas las ideoteces que hacemos y todo lo que nos hablamos. Sabé que estas vacaciones se van a zarpar en piolas, y que vamos a hacer todas las cosas que pusiste en el otro texto. Porque no solo sos mi compañera de banco, porque sos mi compañera de locuras, mi compañera de llantos, de risas, y porque sé que siempre vas a estar para mí, y sabés que siempre voy a estar para vos. Nunca me faltes hippie ee, nunca.
sábado 28 de noviembre de 2009
Las clases terminaron, el colegio termino, bueno practicamente, porqe solo me llevo matematica, y estoi feliz de eso, sii , feliiiz, proqe me podria haber llevado mas , pero le puse toda la pilaa loco :)
y ahora sii. qiero hacer estas vacaciones toodo lo qe no hice durante el año o qe me qedaron ganas de maas. Quiero dormiiiirr hasta la hora qe yoo qiera, salir con mis amigas, ver a las amigas qe hace booocha qe no veo, tomar mates muchos mates, mates en pza franciaa, en el pqe centenario, en una casa, en una terraza, con amigas, con mi hna, quiero pintar mas mi placard, ropa, qiero dibujaar, qiero escribir, y qiero qedarme leyendo hasta tarde, qiero qe por lo menos unos dias venga mi prima a casa y nos qedemos las tres mirando pelis hasta re tarde y alqilemos en blockbuster por mayor, o vayamos al cine y qe me muerda, si , tengo qe admitir q odio qe me muerda pero qe la extraño, qiero ir a bailar mucho cn las baspi y los lospi bien peolaa, qiero salir todos juntoss al pool, al parqe, a una casa, a boludear por riv, qiero ver a mi meshi y qedarnos hablando mucho mucho, porqew hace mucho qe no te veo, bah no tanto, pero te extrañooo, y qiero ir a tizzio cn majo, cn nati y cn jolee, qiero tocar la guitarra muuucho tiempo hasta qe me duelan los deditos, qiero llevarla al parqe, qiero hablaar mucho, mucho de esas charlas de toda la noche cn jule y nati, y majo, y las baspii. Qiero qe sea veranito, qe haga calorcito pa el shorcito y las poieras lindas de colorcitoos, y qiero qedarme a dormir en lo de jule y no dormir , y hablar para a las nueve ir a comprar facturas para desayunar, qiero ir a pza serrano, qiero ir a por las nubes, porqe mucho bla bla pero no lo conozco todavia, qiero ir a recitales, aunqe cdo menos hay es en las vacas, no importa, yo qiero, qiero ver a callejerooos! y a el bordo y las pastillas, y bueno todas las bandas qe me gustan, qiero ir a la reina cn mi hna y tute, y qiero qe tute venga a casa a tomar mates y comer palmeritas, y qiero ir al parqe de la costa, i a open park, qiero festejar mi cumple por mas simple qe sea con los mejoress (L) qiero pasar navidad cn mi abuela y año nuevo con mi otra abue, qiero irme a la playa, o de vacaciones a algun lugar, qiero andar en bici, mucho tiempo, todos los dias, qiero haccerme denuevo el aritod de la nariz, y el de la oreja, qiero un collar nuevo, qiero bailar, qiero qiero qiero qiero qieroooo. y si , es lo mas simple qe puedo pedir pero es lo qe mas feliz me hace. Pasar tiempo cn esas personitas qe mas amo y qe hacen los dias mas lindooos (L) y qiero qe se repita un dia como hoy, en la pileta proqe hicimos qe salga el sol carajo! jugando al fuchibol, al volley, a la guerra en la pileta, al metegol, al pool, qedar asi toooda colorada y qe ahora em ardan los hombritoos, y qiero salir muchos con uds , porqe son lo mas lindoo, proqe sino qn me va a decir hippie o me va a pedir qe haga la caritaa xD .
aaaaaaaai los amo (L) :)
y ahora sii. qiero hacer estas vacaciones toodo lo qe no hice durante el año o qe me qedaron ganas de maas. Quiero dormiiiirr hasta la hora qe yoo qiera, salir con mis amigas, ver a las amigas qe hace booocha qe no veo, tomar mates muchos mates, mates en pza franciaa, en el pqe centenario, en una casa, en una terraza, con amigas, con mi hna, quiero pintar mas mi placard, ropa, qiero dibujaar, qiero escribir, y qiero qedarme leyendo hasta tarde, qiero qe por lo menos unos dias venga mi prima a casa y nos qedemos las tres mirando pelis hasta re tarde y alqilemos en blockbuster por mayor, o vayamos al cine y qe me muerda, si , tengo qe admitir q odio qe me muerda pero qe la extraño, qiero ir a bailar mucho cn las baspi y los lospi bien peolaa, qiero salir todos juntoss al pool, al parqe, a una casa, a boludear por riv, qiero ver a mi meshi y qedarnos hablando mucho mucho, porqew hace mucho qe no te veo, bah no tanto, pero te extrañooo, y qiero ir a tizzio cn majo, cn nati y cn jolee, qiero tocar la guitarra muuucho tiempo hasta qe me duelan los deditos, qiero llevarla al parqe, qiero hablaar mucho, mucho de esas charlas de toda la noche cn jule y nati, y majo, y las baspii. Qiero qe sea veranito, qe haga calorcito pa el shorcito y las poieras lindas de colorcitoos, y qiero qedarme a dormir en lo de jule y no dormir , y hablar para a las nueve ir a comprar facturas para desayunar, qiero ir a pza serrano, qiero ir a por las nubes, porqe mucho bla bla pero no lo conozco todavia, qiero ir a recitales, aunqe cdo menos hay es en las vacas, no importa, yo qiero, qiero ver a callejerooos! y a el bordo y las pastillas, y bueno todas las bandas qe me gustan, qiero ir a la reina cn mi hna y tute, y qiero qe tute venga a casa a tomar mates y comer palmeritas, y qiero ir al parqe de la costa, i a open park, qiero festejar mi cumple por mas simple qe sea con los mejoress (L) qiero pasar navidad cn mi abuela y año nuevo con mi otra abue, qiero irme a la playa, o de vacaciones a algun lugar, qiero andar en bici, mucho tiempo, todos los dias, qiero haccerme denuevo el aritod de la nariz, y el de la oreja, qiero un collar nuevo, qiero bailar, qiero qiero qiero qiero qieroooo. y si , es lo mas simple qe puedo pedir pero es lo qe mas feliz me hace. Pasar tiempo cn esas personitas qe mas amo y qe hacen los dias mas lindooos (L) y qiero qe se repita un dia como hoy, en la pileta proqe hicimos qe salga el sol carajo! jugando al fuchibol, al volley, a la guerra en la pileta, al metegol, al pool, qedar asi toooda colorada y qe ahora em ardan los hombritoos, y qiero salir muchos con uds , porqe son lo mas lindoo, proqe sino qn me va a decir hippie o me va a pedir qe haga la caritaa xD .
aaaaaaaai los amo (L) :)
jueves 26 de noviembre de 2009
Ya esta. Nose si lo qe hice esta bien o esta mal. Y nadie puede saberlo, porqe nadie podira saber qe pasaria. Ese es uno de los misterios de la vida, nunca se puede saber qe habria pasado, y por eso hay qe jugarse o no. Y yo no me jugue. Nose si porqe soi una cagona, una egoista, una mala persona, una histerica o simplemente pense en mi.
nose. solo espero qe pueda un dia sacarme este peso de encima.
nose. solo espero qe pueda un dia sacarme este peso de encima.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
miércoles 25 de noviembre de 2009
viernes 20 de noviembre de 2009
jueves 19 de noviembre de 2009
t.p de lengua
Rocío estaba soplando sus dieciséis velitas el viernes a la noche. Toda la familia paso por su casa ese día a saludarla. A la mañana siguiente la esperaba una emocionante y a la vez agotadora clase de acrobacia aérea.
Ya eran las diez de la mañana cuando Rocío entro al aula. Saludo a sus compañeras y noto que había más gente de lo normal. Las telas estaban ocupadas y debían turnarse para usar los trapecios. Era un día caluroso. El sol entraba por la ventan ocupando toda la habitación. Y el calor parecía traspasar las paredes como si estas no estuvieran. Su profesora había faltado esa clase, su hijo estaba otra vez enfermo. Ella solía pensar que un niño de tan solo seis años se había enfermado ya mas veces que ella en sus recién cumplidos dieciséis. Ese sábado compartían la sala con los adultos, ya que no podían dejarlos solos sin profesora. Por suerte era el grupo mas avanzado y podían ayudar bastante. Sus amigas le cantaron el feliz cumpleaños unas tres veces en solo la mitad de la clase mientras ella subía al trapecio. Enseguida se ponía colorada. Las nuevas figuras todavía no le salían de maravilla y como la canción era dedicada a ella todas las miradas fueron en su dirección. Más aun sonrojo cuando se cruzo con una mirada proveniente de unos ojos negros, justo en el trapecio frente a ella. Al verlo enseguida sintió como sus latidos comenzaron a apurar y por un momento olvido la gente que se encontraba a su alrededor perdiéndose en sus ojos que se referían a ella con una enorme sonrisa y unos rulos perfectamente formados. Y de repente los aplausos la trajeron de vuelta a la clase, haciéndola olvidar que se encontraba sobre el trapecio. Se soltó sin pensarlo, y cayo, por suerte, sobre las colchonetas. Su brazo izquierdo quedo dolorido, y ella riéndose pero a la vez llorando. Por suerte no fue nada grave, una simple distracción de su parte y tal vez mas tarde un yeso que dormiría con ella por varios días. Enseguida sus amigas se acercaron y empezaron a hablar en voz bien baja con pequeñas carcajadas sobre cómo miro a el chico de el trapecio, quien por cierto se le escapaba una miradita cada tanto. Pasaron el resto de la clase hablando con Rocío a un costado. Su brazo estaba dolorido como para continuar, y como había sido su cumpleaños se quedaron con ella. Al terminar la hora se fueron sus amigas, pero ella tuvo que quedarse esperando que su mama la fuera a buscar, ya que se le complicaba viajar en colectivo. Toda la clase fue a saludarla antes de irse por más que no la conocieran para preguntar por su brazo. Ella seguía sonriente a pesar de su dolor. Pensó que ya estaba sola, pero ahí se asomaba otra vez la mirada que la encandilo en un principio, salía del vestuario y enseguida se dirigió a ella. Primero preguntó por su brazo, lo cual utilizo como excusa para hablarle y enseguida entablaron una conversación. Sus mejillas estaban rojas otra vez, y ella lo sabia, lo cual la ponía aun mas nerviosa y se ponía mas colorada, de solo pensarlo se le escapaban las sonrisas. Su nombre era Mauro. Hablaron un rato sobre la clase y le aconsejo un par de cosas para desplazarse mejor en el trapecio. Su madre llego a los quince minutos de charla, esos ojos le hicieron olvidar el dolor del brazo, pero igual se dirigieron al medico.
En toda la semana simplemente deseo que sea sábado, esas fueron todas sus intenciones, no pensó en otra cosa. Y allí se encontraba otra vez, a las diez en punto tocando timbre para entrar, solo que esta vez la acompañaba un yeso. Era totalmente inútil su presencia en esa clase, con el brazo enyesado no podría hacer nada, pero fue con la excusa de ver a sus amigas y observar las figuras nuevas que la profesora explicaría esa clase, así de paso no se atrasaba para la muestra de fin de año, para la cual ciertamente no faltaban mas de dos meses. El hijo de su profesora ya estaba bien, era un simple resfrío. Esa clase se la paso mirando por las ventanas que daban al pasillo a ver si por casualidad lo veía pasar, y si, lo vio. Estaba en el aula de al lado. A la salida se quedaron hablando otra vez, pero en esta conversación se fueron conociendo un poco más. Ella se seguía ruborizando al verlo, pero eso era algo que a el le encantaba. Y así pasaron dos sábados mas, hasta que empezaron armarse las clases combinadas, ya los modelos de muestra estaban listos, ahora debían ensayar todos juntos en el teatro. Se veían todos los sábados la clase entera y cuando su brazo ya se encontraba mejor, él la acompañaba a su casa. Un día pararon a tomar un helado en el camino y Rocío olvido avisarle a sus padres. Al llegar su madre la estaba esperando en la puerta preocupada y cuando la vio llegar enseguida la hizo entrar sin darle oportunidad a Mauro de presentarse. Los retos de la madre iban y venían por la habitación acompañados de sus pasos alterados y sus gestos histéricos, y ninguna de esas palabras entro por la mente de Rocío, hasta que su madre empezó a hablar de “aquel muchacho”, y le pidió que le explicara por qué nunca se lo había nombrado, quién era, qué hacia con ella, etc. Empezó contándole de donde lo conocía y luego lo mucho que le gustaba, inocentemente ella sonreía al contarlo, olvidando el reto anterior de su madre. Y lo primero que pregunto ella fue su edad, le dijo que lo veía muy grande. Este detalle se le había olvidado por completo. No sabía su edad, aunque podía notar que era mayor. Discutieron mucho tiempo, y no pudo evitar las lágrimas, prometió que no lo volvería a ver, no fuera de la clase, obviamente sabia que esto no sucedería, pero debía dejar tranquila a su madre.
Empezó a mentirle, y lo veía en la semana, caminaban de la mano, abrazados… pero ya era imposible evitar la atracción, y aunque para este entonces ambos sabían sus edades y estaban concientes de que no seria fácil una relación con 9 años de diferencia, dejaron de lado por un rato esos problemas y se miraron a los ojos, estaban muy cerca, podían sentir la respiración del otro y sus pieles rozándose. Ella se fue acercando, sintiendo sus labios poco a poco, y cerrando los ojos. Ambos tomaron la decisión de concretar ese beso que tanto deseaban. Podían sentir en él el miedo que les producía enamorarse de alguien quizás no correspondido, pero esta vez fue el deseo quien gano.
El día de la muestra ya había llegado, estaban todos en sus lugares y las luces apagadas para que empiece la función. Los aplausos aturdían aquel pequeño teatro, que desde arriba del trapecio podía verse más grande de lo que era. Los nervios y la ansiedad no eran una buena combinación, sin embargo Rocío pudo lucirse con totalidad a la hora de enfrentar el vértigo. Y todo ese año de preparación se le había ido ya en solo dos horas. Cerró el telón con un canto alegre de todo el grupo. Fueron a cambiarse para ir a cenar todos juntos. Él y ella ya no eran un secreto entre ellos, sus besos iban y venían, las caricias no escasaban en esa habitación. De repente, ambos corazones dejaron de latir por un instante al sentir que la puerta se abría y no era una de sus amigas. Ella no esperaba su visita al vestuario, su madre había entrado de sorpresa con una rosa para felicitarla por lo hermosa que se había visto ahí arriba. Pero el momento no fue el más oportuno, su hija estaba con ese “muchacho” que ella misma le había prohibido ver. Él no supo mas que hacer, ni siquiera sus impulsos reaccionaron a soltarla, y la madre a los gritos le ordenaba que se retire, lo que el menos quería era dejarla sola en ese momento, y menos cuando los dos eran responsables. Sus menos se soltaban, y las de ella lo sujetaban, el llanto rebalsaba las paredes y se derramaba en su rostro, no podía soltarlo, sentía que esa seria la ultima vez que podría sentirlo tan cerca. Y el cuarto aun se aturdía por esos gritos, y el amor de ella se iba en una mirada, mientras el la soltaba sin mirarla siquiera, no se atrevía ni si quiera a mirarla. Una puerta cerró el camino a su llanto, las palabras ya no se oían más allá. Discutieron mas de una hora, los gritos de quedaban en el camino, enmudeciendo cada vez mas, sin soportar ver a su hija llorar de esa manera, observando como su mirada se iba desarmando, decidió callar, abrazarla.
Esa relación no fue permitida, y este episodio se repitió más de una vez, porque sus mentiras se seguían produciendo, ese amor no podía terminar así. Pero ella no tenía edad suficiente para decidir por si misma en esa casa, y él nunca se arrepintió de elegirla para seguir creciendo día a día a su lado.
Esas caricias que congelaban segundos, y esos besos que soñaban con otro mundo no tuvieron un final.
Su madre llegó como todos los días a las ocho de la noche del trabajo, esperando que Rocío vuelva de comedia musical y su marido del trabajo, fue a preparar la cena. A las nueve la mesa ya estaba puesta y su marido ya estaba en casa, solo faltaba que Rocío abriera la puerta entre los siguientes quince minutos. Pero el reloj seguía avanzando, y ella no llegaba. Las agujas ya habían recorrido más de la mitad del reloj cuando su madre empezó a preocuparse. Llamó a su celular y este sonó en la misma casa. Lo tenía todo planeado, sabía que en cuanto su madre se preocupase la llamaría, así que dejo a su lado una carta, una carta de despedida. La madre la abrió con desesperación, sin comprender absolutamente nada, y comenzó a leerla…
“Querida mamá:
Quisiera que por una vez puedas comprender una de mis “locuras”. No quiero que te eches la culpa de nada, ya que sé que todo lo que hiciste fue por mi bien, pero no soportaba vivir sin él sabiendo que el amor era mutuo y que estaba en este mundo esperándome a mí.
Me fui de casa, no voy a volver. Mis sentimientos fueron reprimidos por las típicas decisiones adultas, por la lógica. Me reprime tu miedo a vivir, tu miedo a intentar. Yo no quiero pensar en una realidad donde todo se base en la lógica, ya que esa palabra frente al amor no existe. No hay decisiones correctas o incorrectas cuando el corazón siente. Si hay que cometer un error entonces lo voy a cometer y aprender de él. Yo sé que es mi primer amor, y puede que éste quizás no sea para siempre, pero creo que como toda historia de amor tiene derecho a ser vivida. Yo creo que para el amor no hay edad, sino simplemente se debe aprender a convivir y a entenderse, esto podría fallar en nosotros como en cualquier otra pareja donde las edades sean parejas, porque todo depende de la relación que halla entre las personalidades. Y no creo que tengan derecho a callar mi amor, a guardar esos besos, a prohibirme la razón de mi sonrisa diaria, a que cada caricia que tenga para dar muera en una lágrima.
Cuando pase un tiempo y esté segura de que me pueden entender voy a volver, los voy a visitar y sé que me van a perdonar. Pero mientras tanto voy a estar bien, porque voy a estar con él, y creo que ahora pueden ver una de las ventajas de su edad, y sepan que no estoy sola en el mundo, sino con alguien con mayor experiencia en la vida como para cuidarme.
Gracias por haberlo intentado, y perdón por haber sido tan repentina, pero la charla no los convenció.
Los quiero mucho!
Cuídense.
Con amor,
Rocío.”
Esas fueron sus últimas palabras, y pudieron notar que había dejado todo más que claro. Las lágrimas de su madre mojaban el papel que con fuerte abrazo estaba siendo entregado a manos de su esposo.
La casa dormía en silencio esa noche, sus miradas desconcertadas no lograban comprender ni una palabra de esa carta. Cómo es que no se dieron cuenta de lo que de verdad sucedía, cómo es que su nena se les había ido y ya no los necesitaba. Se echaron la culpa, porque como en su momento no lograban entender ese amor, no lo lograrían ahora.
Rocío se encontraba ahora de su mano soplando sus diecisiete velitas. Siguieron dejando sonrisas por la vida, bajando estrellas a cada beso. Intentaron prohibir esa historia, pero el cansancio nunca les ganó, es por eso que cada día pueden amarse más y disfrutar más de su compañía. Cada noche que la luna se encendía ellos cerraban los ojos mirándose como esa primera vez, encontrando sus miradas, perdiéndose en cada beso y viviendo en cada sonrisa, sabiendo que al despertar al día siguiente volverán a sonreír viendo esos ojos brillar.
Ya eran las diez de la mañana cuando Rocío entro al aula. Saludo a sus compañeras y noto que había más gente de lo normal. Las telas estaban ocupadas y debían turnarse para usar los trapecios. Era un día caluroso. El sol entraba por la ventan ocupando toda la habitación. Y el calor parecía traspasar las paredes como si estas no estuvieran. Su profesora había faltado esa clase, su hijo estaba otra vez enfermo. Ella solía pensar que un niño de tan solo seis años se había enfermado ya mas veces que ella en sus recién cumplidos dieciséis. Ese sábado compartían la sala con los adultos, ya que no podían dejarlos solos sin profesora. Por suerte era el grupo mas avanzado y podían ayudar bastante. Sus amigas le cantaron el feliz cumpleaños unas tres veces en solo la mitad de la clase mientras ella subía al trapecio. Enseguida se ponía colorada. Las nuevas figuras todavía no le salían de maravilla y como la canción era dedicada a ella todas las miradas fueron en su dirección. Más aun sonrojo cuando se cruzo con una mirada proveniente de unos ojos negros, justo en el trapecio frente a ella. Al verlo enseguida sintió como sus latidos comenzaron a apurar y por un momento olvido la gente que se encontraba a su alrededor perdiéndose en sus ojos que se referían a ella con una enorme sonrisa y unos rulos perfectamente formados. Y de repente los aplausos la trajeron de vuelta a la clase, haciéndola olvidar que se encontraba sobre el trapecio. Se soltó sin pensarlo, y cayo, por suerte, sobre las colchonetas. Su brazo izquierdo quedo dolorido, y ella riéndose pero a la vez llorando. Por suerte no fue nada grave, una simple distracción de su parte y tal vez mas tarde un yeso que dormiría con ella por varios días. Enseguida sus amigas se acercaron y empezaron a hablar en voz bien baja con pequeñas carcajadas sobre cómo miro a el chico de el trapecio, quien por cierto se le escapaba una miradita cada tanto. Pasaron el resto de la clase hablando con Rocío a un costado. Su brazo estaba dolorido como para continuar, y como había sido su cumpleaños se quedaron con ella. Al terminar la hora se fueron sus amigas, pero ella tuvo que quedarse esperando que su mama la fuera a buscar, ya que se le complicaba viajar en colectivo. Toda la clase fue a saludarla antes de irse por más que no la conocieran para preguntar por su brazo. Ella seguía sonriente a pesar de su dolor. Pensó que ya estaba sola, pero ahí se asomaba otra vez la mirada que la encandilo en un principio, salía del vestuario y enseguida se dirigió a ella. Primero preguntó por su brazo, lo cual utilizo como excusa para hablarle y enseguida entablaron una conversación. Sus mejillas estaban rojas otra vez, y ella lo sabia, lo cual la ponía aun mas nerviosa y se ponía mas colorada, de solo pensarlo se le escapaban las sonrisas. Su nombre era Mauro. Hablaron un rato sobre la clase y le aconsejo un par de cosas para desplazarse mejor en el trapecio. Su madre llego a los quince minutos de charla, esos ojos le hicieron olvidar el dolor del brazo, pero igual se dirigieron al medico.
En toda la semana simplemente deseo que sea sábado, esas fueron todas sus intenciones, no pensó en otra cosa. Y allí se encontraba otra vez, a las diez en punto tocando timbre para entrar, solo que esta vez la acompañaba un yeso. Era totalmente inútil su presencia en esa clase, con el brazo enyesado no podría hacer nada, pero fue con la excusa de ver a sus amigas y observar las figuras nuevas que la profesora explicaría esa clase, así de paso no se atrasaba para la muestra de fin de año, para la cual ciertamente no faltaban mas de dos meses. El hijo de su profesora ya estaba bien, era un simple resfrío. Esa clase se la paso mirando por las ventanas que daban al pasillo a ver si por casualidad lo veía pasar, y si, lo vio. Estaba en el aula de al lado. A la salida se quedaron hablando otra vez, pero en esta conversación se fueron conociendo un poco más. Ella se seguía ruborizando al verlo, pero eso era algo que a el le encantaba. Y así pasaron dos sábados mas, hasta que empezaron armarse las clases combinadas, ya los modelos de muestra estaban listos, ahora debían ensayar todos juntos en el teatro. Se veían todos los sábados la clase entera y cuando su brazo ya se encontraba mejor, él la acompañaba a su casa. Un día pararon a tomar un helado en el camino y Rocío olvido avisarle a sus padres. Al llegar su madre la estaba esperando en la puerta preocupada y cuando la vio llegar enseguida la hizo entrar sin darle oportunidad a Mauro de presentarse. Los retos de la madre iban y venían por la habitación acompañados de sus pasos alterados y sus gestos histéricos, y ninguna de esas palabras entro por la mente de Rocío, hasta que su madre empezó a hablar de “aquel muchacho”, y le pidió que le explicara por qué nunca se lo había nombrado, quién era, qué hacia con ella, etc. Empezó contándole de donde lo conocía y luego lo mucho que le gustaba, inocentemente ella sonreía al contarlo, olvidando el reto anterior de su madre. Y lo primero que pregunto ella fue su edad, le dijo que lo veía muy grande. Este detalle se le había olvidado por completo. No sabía su edad, aunque podía notar que era mayor. Discutieron mucho tiempo, y no pudo evitar las lágrimas, prometió que no lo volvería a ver, no fuera de la clase, obviamente sabia que esto no sucedería, pero debía dejar tranquila a su madre.
Empezó a mentirle, y lo veía en la semana, caminaban de la mano, abrazados… pero ya era imposible evitar la atracción, y aunque para este entonces ambos sabían sus edades y estaban concientes de que no seria fácil una relación con 9 años de diferencia, dejaron de lado por un rato esos problemas y se miraron a los ojos, estaban muy cerca, podían sentir la respiración del otro y sus pieles rozándose. Ella se fue acercando, sintiendo sus labios poco a poco, y cerrando los ojos. Ambos tomaron la decisión de concretar ese beso que tanto deseaban. Podían sentir en él el miedo que les producía enamorarse de alguien quizás no correspondido, pero esta vez fue el deseo quien gano.
El día de la muestra ya había llegado, estaban todos en sus lugares y las luces apagadas para que empiece la función. Los aplausos aturdían aquel pequeño teatro, que desde arriba del trapecio podía verse más grande de lo que era. Los nervios y la ansiedad no eran una buena combinación, sin embargo Rocío pudo lucirse con totalidad a la hora de enfrentar el vértigo. Y todo ese año de preparación se le había ido ya en solo dos horas. Cerró el telón con un canto alegre de todo el grupo. Fueron a cambiarse para ir a cenar todos juntos. Él y ella ya no eran un secreto entre ellos, sus besos iban y venían, las caricias no escasaban en esa habitación. De repente, ambos corazones dejaron de latir por un instante al sentir que la puerta se abría y no era una de sus amigas. Ella no esperaba su visita al vestuario, su madre había entrado de sorpresa con una rosa para felicitarla por lo hermosa que se había visto ahí arriba. Pero el momento no fue el más oportuno, su hija estaba con ese “muchacho” que ella misma le había prohibido ver. Él no supo mas que hacer, ni siquiera sus impulsos reaccionaron a soltarla, y la madre a los gritos le ordenaba que se retire, lo que el menos quería era dejarla sola en ese momento, y menos cuando los dos eran responsables. Sus menos se soltaban, y las de ella lo sujetaban, el llanto rebalsaba las paredes y se derramaba en su rostro, no podía soltarlo, sentía que esa seria la ultima vez que podría sentirlo tan cerca. Y el cuarto aun se aturdía por esos gritos, y el amor de ella se iba en una mirada, mientras el la soltaba sin mirarla siquiera, no se atrevía ni si quiera a mirarla. Una puerta cerró el camino a su llanto, las palabras ya no se oían más allá. Discutieron mas de una hora, los gritos de quedaban en el camino, enmudeciendo cada vez mas, sin soportar ver a su hija llorar de esa manera, observando como su mirada se iba desarmando, decidió callar, abrazarla.
Esa relación no fue permitida, y este episodio se repitió más de una vez, porque sus mentiras se seguían produciendo, ese amor no podía terminar así. Pero ella no tenía edad suficiente para decidir por si misma en esa casa, y él nunca se arrepintió de elegirla para seguir creciendo día a día a su lado.
Esas caricias que congelaban segundos, y esos besos que soñaban con otro mundo no tuvieron un final.
Su madre llegó como todos los días a las ocho de la noche del trabajo, esperando que Rocío vuelva de comedia musical y su marido del trabajo, fue a preparar la cena. A las nueve la mesa ya estaba puesta y su marido ya estaba en casa, solo faltaba que Rocío abriera la puerta entre los siguientes quince minutos. Pero el reloj seguía avanzando, y ella no llegaba. Las agujas ya habían recorrido más de la mitad del reloj cuando su madre empezó a preocuparse. Llamó a su celular y este sonó en la misma casa. Lo tenía todo planeado, sabía que en cuanto su madre se preocupase la llamaría, así que dejo a su lado una carta, una carta de despedida. La madre la abrió con desesperación, sin comprender absolutamente nada, y comenzó a leerla…
“Querida mamá:
Quisiera que por una vez puedas comprender una de mis “locuras”. No quiero que te eches la culpa de nada, ya que sé que todo lo que hiciste fue por mi bien, pero no soportaba vivir sin él sabiendo que el amor era mutuo y que estaba en este mundo esperándome a mí.
Me fui de casa, no voy a volver. Mis sentimientos fueron reprimidos por las típicas decisiones adultas, por la lógica. Me reprime tu miedo a vivir, tu miedo a intentar. Yo no quiero pensar en una realidad donde todo se base en la lógica, ya que esa palabra frente al amor no existe. No hay decisiones correctas o incorrectas cuando el corazón siente. Si hay que cometer un error entonces lo voy a cometer y aprender de él. Yo sé que es mi primer amor, y puede que éste quizás no sea para siempre, pero creo que como toda historia de amor tiene derecho a ser vivida. Yo creo que para el amor no hay edad, sino simplemente se debe aprender a convivir y a entenderse, esto podría fallar en nosotros como en cualquier otra pareja donde las edades sean parejas, porque todo depende de la relación que halla entre las personalidades. Y no creo que tengan derecho a callar mi amor, a guardar esos besos, a prohibirme la razón de mi sonrisa diaria, a que cada caricia que tenga para dar muera en una lágrima.
Cuando pase un tiempo y esté segura de que me pueden entender voy a volver, los voy a visitar y sé que me van a perdonar. Pero mientras tanto voy a estar bien, porque voy a estar con él, y creo que ahora pueden ver una de las ventajas de su edad, y sepan que no estoy sola en el mundo, sino con alguien con mayor experiencia en la vida como para cuidarme.
Gracias por haberlo intentado, y perdón por haber sido tan repentina, pero la charla no los convenció.
Los quiero mucho!
Cuídense.
Con amor,
Rocío.”
Esas fueron sus últimas palabras, y pudieron notar que había dejado todo más que claro. Las lágrimas de su madre mojaban el papel que con fuerte abrazo estaba siendo entregado a manos de su esposo.
La casa dormía en silencio esa noche, sus miradas desconcertadas no lograban comprender ni una palabra de esa carta. Cómo es que no se dieron cuenta de lo que de verdad sucedía, cómo es que su nena se les había ido y ya no los necesitaba. Se echaron la culpa, porque como en su momento no lograban entender ese amor, no lo lograrían ahora.
Rocío se encontraba ahora de su mano soplando sus diecisiete velitas. Siguieron dejando sonrisas por la vida, bajando estrellas a cada beso. Intentaron prohibir esa historia, pero el cansancio nunca les ganó, es por eso que cada día pueden amarse más y disfrutar más de su compañía. Cada noche que la luna se encendía ellos cerraban los ojos mirándose como esa primera vez, encontrando sus miradas, perdiéndose en cada beso y viviendo en cada sonrisa, sabiendo que al despertar al día siguiente volverán a sonreír viendo esos ojos brillar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
